Raúl Aguado “Cooperar para el logro de los Derechos Humanos”

Breve reseña
Raúl Aguado García (Segovia, 1967) es profesor de lengua castellana y literatura en el IES San José de Villanueva de la Serena –Badajoz-, y trata de compaginar su obligación laboral con su compromiso personal con los países del Sur, un compromiso que lleva a cabo en el terreno de la cooperación al desarrollo.
Su relación con el mundo de la cooperación se inició en los años noventa, cuando trabajó como miembro de la Cooperación Española en Camerún (1990 – 1992). Desde entonces ha estado muy unido a los movimientos sociales y a las ONG, desempeñando diferentes puestos de responsabilidad (presidente de medicusmundi Extremadura, presidente de la Coordinadora Extremeña de ONG para el Desarrollo, miembro del Consejo Asesor de Cooperación de la Junta de Extremadura). Desde el año 2006 es presidente de la Federación de Asociaciones de medicusmundi en España, organización que en el año 1992 recibió el premio Príncipe de Asturias de la Concordia.
En este terreno, además, es autor de diferentes materiales de trabajo (“Una vacuna contra la pobreza”, editado por Intermón) y de estudios (“Informe de Salud en la Cooperación Española” que anualmente edita medicusmundi).
Cooperar para el logro de los Derechos Humanos
El mero planteamiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) constituye un avance sustancial en el logro del pleno desarrollo de los Derechos Humanos.
Después de más de cuarenta años de Ayuda Oficial al Desarrollo, sólo en los últimos diez años se ha indicado de manera clara cuál debe ser el camino para alcanzar el objetivo común de la erradicación de la pobreza, principal obstáculo para la consecución de los derechos humanos más fundamentales. Y ese camino es el de un compromiso de los países donantes y de los países receptores con las comunidades y pueblos más empobrecidos. Un compromiso que tiene su primer escalón en la denominada “Cumbre del Milenio de NN.UU.”, en el año 2000, donde se fijaron los ODM, pero que ha continuado su proceso en encuentros como la Cumbre de Monterrey, la Declaración de París o, más recientemente, el Foro de Alto Nivel de Accra.
Pero, como es bien sabido, el hecho de formular iniciativas, aunque cuenten con el máximo consenso, no es garantía de su puesta en marcha, ni de su éxito. Hace falta un compromiso cierto y materialmente comprobable que ayude realmente a cambiar la situación de millones de personas condenadas no sólo a la pobreza, sino a lo que ésta conlleva: analfabetismo, padecimiento de enfermedades evitables, hambrunas y muerte.
Por eso, la Ayuda Oficial al Desarrollo necesita incrementarse hasta duplicarse para asumir los retos planteados, y se necesita, al mismo tiempo, que esa mayor aportación económica vaya aparejada a otras iniciativas de coordinación y coherencia. Sólo así podremos mantener la mínima esperanza de que en 2015 los ODM no sean sólo una serie de metas, sino también un conjunto de realidades.
En un escenario de crisis financiera internacional, sin embargo, corremos el riesgo cierto de que los países donantes, que tan rápida como necesariamente han reaccionado aportando fondos extraordinarios para reforzar sus economías, caigan en la tentación de disminuir las cantidades comprometidas para el Desarrollo, o reduzcan el esfuerzo organizativo necesario para hacer más eficaz esa ayuda. Esa nueva amenaza sobre los más necesitados debe ser combatida de una forma clara y urgente por la ciudadanía y por las organizaciones de la sociedad civil.
Somos la primera generación con capacidad para acabar con la pobreza; y hacer realidad los ODM es el primer reto que debemos superar en ese camino. Su cumplimiento constituye una obligación moral de todos y todas, al tiempo que un desafío para medir nuestro verdadero nivel de compromiso con los Derechos Humanos, cuya declaración hace sesenta años estamos conmemorando.
No obstante, podremos sentirnos satisfechos sólo el día que, al evaluar nuestros proyectos, estemos en condiciones de afirmar que las personas de la zona donde hemos intervenido pueden disfrutar con plenas garantías de derechos como el del acceso a la salud, porque habremos incorporado plenamente a nuestro trabajo una actitud de cambio con un fuerte compromiso de transformación.
En definitiva, trabajar por el cumplimiento de los ODM es contribuir a favorecer el pleno disfrute de los Derechos Humanos.
Short URL: http://www.cartamediterranea.org/?p=216






