Violación vs Educación Cívica
El debate público, si se le puede llamar así, abierto en España a raíz de dos noticias consecutivas sobre la violación de dos niñas adolescentes por un grupo asimismo de adolescentes debería hacernos pensar sobre la responsabilidad que en estos hechos se comparten en una sociedad que nos gusta llamar como desarrollada.
El debate en los medios de comunicación ha estado en mayor medida centrado sobre la impunidad penal de estos hechos debido a la minoría de edad de los agresores así como sobre ante estos hechos si es bueno o malo legislar “en caliente” o esperar a que el suceso abandone la esfera periodística y sean los Legisladores los llamados a reflexionar y plantear soluciones.
Lo cierto es que nadie ha enjuiciado que tan lamentables sucesos no dejan de ser parte de la violencia de género latente en nuestra sociedad. En definitiva, nos encontramos ni más ni menos que ante un ejercicio de violencia y menosprecio ante víctimas en las que se une su sexo y su indefensión. Como decimos, la reflexión en frío o en caliente debe en primer lugar preocuparnos hondamente y hacernos reaccionar a todos de una manera rápida pero, sobre todo, eficaz.
No es sólo una cuestión de punibilidad penal o no, es en mayor medida el problema de una sociedad donde están fallando los soportes básicos de la convivencia cívica y de eso, con mayor o menor intensidad, poniendo a unos delante y a otros detrás, somos responsables todos. Está fracasando la política que es incapaz de liderar la convivencia cívica sobre valores morales y éticos acordes con una sociedad civilizada. Está fallando el sistema educativo que a pesar de ser una parte muy sustanciosa del presupuesto público se encuentra más preocupado sobre la necesidad de incrementar las horas de matemáticas de los alumnos que éstos asuman desde la infancia como una parte indisociable de su carácter y de forma de comportamiento en la vida los valores democráticos y esencialmente los del respeto a los Derechos, la Libertad y la Integridad de sus semejantes. Por ende, está fallando la familia como institución capaz de asentar esos valores y proyectarlos en imágenes y comportamientos pedagógicos para sus hijos. Los medios de comunicación social más situados en la morbosidad de las noticias que en la búsqueda de valores ejemplarizantes. Por no alargarnos en exceso, sucesos como estos nos tendrían que hacer que nos preguntáramos si realmente no estamos construyendo una sociedad sustentada sobre la ideología de la nada.
El Poder Normativo puede ser capaz de corregir conductas y sancionar aquéllas que se desvíen de lo justo y razonable pero una sociedad democrática tiene que ser más radical en sus planteamientos y no esperar a que el mal esté hecho. Será mejor formar en valores y civismo a nuestros ciudadanos más jóvenes que en ver ahora cómo se les castiga y se les reintegra a la comunidad. Será mejor educar en libertad y respeto que pensar que somos capaces de dejar víctimas traumatizadas y lógicamente resentidas contra la sociedad. Tan sólo me hago una pregunta: ¿Esto no tendrá que ver con el cinismo político y la cortedad de miras y ausencia de valores cívicos de distintas instituciones que han puesto trabas en que la educación para la ciudadanía sea una parte esencial de la educación de nuestros jóvenes? No hace falta que me respondan, estoy convencido de que sí pero ahora me gustaría que los que han denostado esta formación fueran capaces de reconocer su craso error y ponerle remedio público.
Armando Guerra
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