Absurdocracia, por Armando Guerra
Llamar las cosas por su nombre a veces nos da cierto rubor. Si acertadamente el poeta argentino Enrique Santos Discépolo en su maravilloso tango “Cambalache” supo hacer una irónica y pesimista critica del siglo XX cuando apenas había transcurrido un tercio del mismo, aún quedando lo peor por venir, no sé si la primera década de este XXI no le darían ya para otra mordaz copla.
No vamos a hacerlo en estas líneas, nos falta capacidad y pretensión pero no es por falta de ganas de intentarlo. Recordemos que iniciamos el siglo bajo la temida amenaza de una hecatombe cibernética debido a un cambio en la secuencia numérica que podría llevarnos a perder nuestros ahorros bancarios o a provocar un gran accidente aéreo. El grado de tensión creado fue tal que hasta los máximos dirigentes políticos españoles pernoctaron con sus familias en el “bunker de La Moncloa”, no por miedo claro está sino para poder resolver el problema. Ahora bien, el “fallido efecto 2000” sólo nos anunciaba lo que este siglo parece depararnos en un guión de tragicomedia donde los gritos de dolor pueden fácilmente combinarse con los asombro sin solución de continuidad. Y el que quiera a la par reírse que se ría. Probamos.
El Emblema del capitalismo las torres gemelas de Nueva York desaparecen por la acción de un grupo terrorista islamista cuyo líder había sido protegido, armado y entrenado por las Estados Unidos. El Pentágono baluarte arquitectónico del poderío militar de occidente en las últimas décadas es destruido en una tercera parte. Pocos meses antes habían sido demolidos a bombazos Los Budas de Bāmiyān eran dos monumentales estatuas de Buda talladas a los lados de un acantilado en el valle de Bāmiyān, en Afganistán. En marzo de 2003 los gobernantes Bush, Blair, Aznar y Durão Barroso, en la denominada Cumbre de las Azores adoptan la decisión de lanzar un ultimátum de 24 horas al régimen iraquí encabezado por Saddam Hussein para su desarme ante el peligro de la utilización por parte de este de armas de destrucción masiva. Debe de recordarse también que aparte del ultimátum, la Cumbre de las Azores aprobó declarar un compromiso de los firmantes con los valores comunes de la democracia, la libertad y el Estado de derecho. Posteriormente quedó demostrado la inexistencia de armas de destrucción masiva en Irak, principal argumento que se esgrimió para la declaración de guerra. También habría que reseñar que a pesar de su compromiso con el estado de Derecho que este ultimátum finalmente desembocó en la invasión de Irak por una coalición internacional de países sin el respaldo explícito de la Organización de las Naciones Unidas. Los pacifistas Durão Barroso y Blair han sido premiados con la elección, por dos veces consecutivas, de la Presidencia de Comisión Europea en el caso del primero y en el caso del británico desde el verano de 2007 ejerce como “enviado para la paz” al Oriente Medio, representando a la Unión Europea, los Estados Unidos, Rusia y las Naciones Unidas y es el más firme candidato a ejercer el primer mandato presidencial permanente del Consejo Europeo.
En fin, podríamos hacer un largo listado de despropósitos y oportunidades perdidas para llevar razón y lógica en el quehacer colectivo mundial en lo que llevamos de siglo. La última cumbre del Gobierno Económico Mundial denominado G-20 y concesión a Barako Obama a ”beneficio de inventario” son sin lugar a dudas “nuevos cambalaches” del Siglo XXI que esperan a un nuevo Discépolo para ser cantados. Perder la oportunidad de ordenar económicamente este mundo y disciplinar comportamientos en la actividad financiera dándoles planteamientos éticos y responsables y por otro lado dejar que el protolíder mundial desarrollara su mandato sin que sus pies se elevaran del suelo pensando como tantos aquí y allá que el poder inviste de estados de gracia de inteligencia y certeza.
La “absurdocracia” es un nuevo régimen político que el bueno de Platón nunca llegó a imaginar.
Armando Guerra.
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