Carta Mediterranea

Por una tolerancia activa, por José María Noguerol

tolerancia

Detesto los días dedicados “a, para”, y conmemoraciones similares. Pienso que son un esfuerzo inútil para causas esenciales y útiles. Pienso que pueden resultar un pretexto para no mencionar nada de nada durante los trescientos sesenta y cuatro días restantes del año. No los he contado, pero cada día ya es un día de algo o para algo, y, algunos, sirven para dos o tres causas pues el calendario no es un chicle.

Dicho lo cual, debería dejar de escribir sobre lo que pretendo: 16 de noviembre, día internacional para la Tolerancia. Me llevo la contraria, faltaría más, y en un acto crucial de egoísmo, lo justifico en un intento de aclarar mis ideas. ¿Qué es la tolerancia? En sus orígenes, la tolerancia se refería al margen de libertad a conceder a diversas sectas religiosas para hacer factible la vida de sus militantes en una misma comunidad. La tolerancia nace así como una necesidad para la convivencia y como posible eliminación de las violencias provocadas por la actitud intolerante. La tolerancia nace coja, nace pobre, frente a su potente actitud opuesta, la intolerancia. De todas las definiciones clásicas –entendiendo por ello, en estos tiempos, toda opinión que tenga más de diez minutos- me quedo con la de John Stuart Mill: la tolerancia es la libertad del individuo frente a coacciones.

Tenemos así que tolerancia puede entenderse como indulgencia frente a ciertas opiniones, respeto a opiniones políticas siempre que se encuentren en el orden establecido (aquella frase culmen de la autoinmolación y el martirologio “no comparto sus ideas pero estaría dispuesto a dar mi vida para que usted pudiera defenderlas” o algo así: aunque la cita tenga su origen cierto, hoy es leyenda urbana), o incluso una actitud de comprensión frente a las opiniones contrarias en las relaciones personales. ¿Puede entenderse la tolerancia como sinónimo de democracia, o como lo que equilibra los extremos si estos fueran el despotismo, por un lado, y la anarquía, por el otro? Puede. Pero también cabe entender que resultaría el somnífero ideal para adormecer los impulsos de liberación, la “tolerancia represiva” al decir de Marcuse (otro clásico, ya casi tanto como Mill)

Puestos así, y en este tranco del artículo que pretende ser final, me quedo con nada y pienso sobre todo. Está bien como refugio de penitente que no quiere celebrar, mucho menos concelebrar. Pero no sirve porque sería como hacerse trampas al solitario. ¿Por qué has escrito?, me reprocharán lectores y lectoras. Ya lo he dicho: busco llenar el término con algo más allá de los vacíos y las conmemoraciones. Por eso lo único que vale de este texto es parte de su título, tolerancia activa ¿Y cómo se dice eso? No lo sé, pero lo he visto, lo veo y los seguiré viendo en el ejemplo de la larga vida de un hombre excepcional, Bertrand Russell, que escribió en el prólogo de su autobiografía: “Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.” Tolerancia activa.

José Mª Noguerol
Periodista.

Short URL: http://www.cartamediterranea.org/?p=2472

Escrito por admin en nov 16 2009 Archivado bajo Colaboraciones. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

Deja un comentario

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

120x600 ad code [Inner pages]
Acceder | Designed by Gabfire themes