Carta Mediterranea

Un futuro para Haiti, por Joaquín Mendoza García

haiti

Magia negra, vudú, ruido de tambores y sincretismo religioso, negritud, el primer país de América Latina en alcanzar la independencia de la metrópoli; un idioma, el francés; un sátrapa, “Bébé doc” Duvalier; una fuerza parapolicial, los terroríficos “tontons macoutes”; una intervención militar, la norteamericana y una película, una vieja joyita de Jacques Tourneur “Yo anduve con un zombie”, para algunos la mejor película hecha nunca sobre muertos vivientes. Poco más sabíamos de Haití.

Ahora sabemos algo más, sabemos que es un país asolado periódicamente por huracanes, ciclones y sobre todo por la deforestación; que tiene dificultades para vender su escasa producción agrícola por el férreo proteccionismo norteamericano; que es uno de los países preferidos para las adopciones infantiles; que es el país con la renta per capita más baja del Caribe y de todo el continente americano y que sus naturales emigran periódicamente al país vecino para trabajar de braceros, por un salario de miseria, en los campos de caña de azúcar, aquellos que han abandonado los dominicanos para emigrar a la próspera España.

Curiosa y cruel paradoja; como también lo es que mientras la miseria corroe el país, los lujosos cruceros caribeños sigan vomitando turistas que, “mojito” en mano, se relajan en sus paradisíacas playas, ajenos al drama diario en el que viven sumidos los haitianos.

¿Y del terremoto qué?. Una desgracia más, una mas, que habría que sumar a la larga lista de penalidades que lastran a este diminuto país y marca a sus habitantes, generación tras generación.

Si una imagen vale más que mil palabras, miles de imágenes y millones de palabras se han vertido estos días, bombardeando nuestras conciencias y alentando nuestra solidaridad. Solidaridad de los pueblos, ayudas de sus gobiernos para la reconstrucción del país y condonación de la deuda externa. Eso es lo reclama Haití, tan cercano al paraíso pero, por desgracia, más próximo al infierno. Poco más pide –algo, que si fuera real y se pudiera materializar, sería mucho- y poco más se puede hacer.

Y en esas estamos y en eso se afana la comunidad internacional. ¿Será posible?. ¿Será posible un futuro para los haitianos?. Tienen derecho.

Joaquín Mendoza García.

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Escrito por admin en ene 28 2010 Archivado bajo Colaboraciones. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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