Un terremoto ha destrozado un país destrozado. La solidaridad internacional se moviliza, entre otros, los marines de Obama. La progresía más cargada de prejuicios progres, se escandaliza: qué hacen los USA con sus militares en Haiti. Francia, con su presidente cabestro, también se enfanda. Antigua potencia colonial, todavía no se ha puesto de acuerdo con su socios europeos de cuántos soldados mandar, de cuántos recursos destinar para paliar la catátrofe. Mientras tanto, patrullas de rescatadores españoles, británicos, estadounidenses, de todas las naciones, han hecho lo imposible, -ellos y sus perros- por buscar entre los escombros a supervivientes imposibles. En la madrugada del miércoles, Nicolás Castellano, periodista canario de la SER, enviado especial a la zona, era testigo del rescate último de dos niños. Le felicité por su impactante crónica y me escribió un mensaje: “lo de esta noche es lo más acojonante que he vivido en mi vida.” Su adjetivo era de urgencia pero suficientemente explícito de lo que allí están viviendo periodistas, cooperantes y militares, los cuales también cooperan, pese a la progresía bienpensante.
De nuevo, el problema es el de siempre: la madrastra naturaleza hace daño a los más débiles. Darwin lo descubrió y lo escribió. Algunos, ciento ciencuenta años después, todavía no se lo creen. Pero es cierto. La banca española ha cerrado 2009 con veinte mil millones de beneficios, en plena crisis. Tiene mérito, tiene premio, tiene bemoles. Por mucho que dedique a obra benéficas y a ayudas a los necesitados de catástrofes, nunca podrán devolvernos el dinero que nos roban en cada transferencia, en cada mantenimiento de cuenta, en cada comisión injustificada. Haiti es un caso, que nos abruma: dejará de hacerlo cuando los telediarios se cansen.
José María Noguerol

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