Carta Mediterranea

“A perro flaco, todo son pulgas”, por Alicia C.

haiti2

“A perro flaco, todo son pulgas”.
Por Alicia C.
Estudiante de Periodismo.

El caso de Haití “a perro flaco, todo son pulgas” o siguiendo el principio de Peters, “toda aquello que va mal, puede ir aun peor”.

En estos días  las primeras páginas de los periódicos,  la apertura de los telediarios de las diferentes cadenas y los boletines de noticias de las emisoras de radio abren, con una rara unanimidad, con las noticias referentes a la situación de la república de Haití, como consecuencia del devastador terremoto sucedido en la tarde del martes 12 de enero, cuando los sismógrafos de medio mundo registraron el índice de 7,3 en la escala de Richter y un epicentro de movimiento sísmico a 22 kilómetros de la capital de Haití, Puerto Príncipe. Ciudad hasta ese momento desconocida para la inmensa mayoría de los ciudadanos del mundo privilegiado.

Para los cerca de 752.600 habitantes de Puerto Príncipe y de los 8.121.622 (2005 Est.) de Haití, no fue un dato estadístico, sino las entrañas de la Tierra abriéndose bajo sus pies y convirtiendo el paisaje en una espeluznante plasmación de muerte, escombros, sangre, lodo, cuerpos tullidos; el terror y el miedo que entraba por los ojos de una población ya de por sí lastimosa que volvía a cebarse sobre todos ellos como si fuera un castigo venido del cielo y al cual no se encuentra explicación.

Tras esos momentos de pánico, la crónica de lo sucedido se convierte en el descubrimiento de la desaparición de los seres más queridos, en cuerpos sepultados bajo los escombros, intentando salir de los amasijos  de yeso y madera. El hambre, la sed, el dolor, y la esperanza de que alguien venga pronto a prestar ayuda y socorrer las necesidades más básicas.

Evidentemente nadie puede buscar un responsable de forma directa, en aquella, que la naturaleza de manera ¿imprevisible?, puede hacernos llegar.

Ahora bien, en el caso de Haití es válida la expresión de que “siempre llueve sobre mojado”.

Muchos analistas internacionales han querido ver en este momento las dificultades para hacer llegar la ayuda humanitaria y permitir paliar el dolor inmediato en el hecho de que Haití constituye lo que se denomina un estado fallido, es decir un pocas palabras, un estado donde su gobierno difícilmente controla la situación y eso impide el desarrollo social y económico de la comunidad.

La gobernanza de la república de Haití necesitaría un repaso a lo largo de su historia, que ocuparía más palabras que las que aquí tenemos. Pero es difícil entender su situación si no ponemos encima de la mesa hechos históricos básicos como fue el proceso de colonización por parte española, donde se utilizó, de manera cruel y egoísta, a la población aborigen de la isla, para la producción agrícola y base de operaciones para la colonización en otros territorios centroamericanos.

Tampoco se puede pasar por alto la colonización francesa que vino a sustituir a la española, quien expolió los recursos naturales y humanos de este territorio insular, y dio pie a un racismo tremendo entre esclavos negros y mulatos.

Pero ya más recientemente, en el siglo pasado, la intervención norteamericana hizo pagar con creces el hecho de que Haití fuera el segundo estado que accediera a la independencia en América y el primero donde sus gobernantes no eran de raza blanca.

La ocupación norteamericana tanto militar, como los mismos cuerpos de marines, que hoy intentan dar gobernabilidad a la ayuda humanitaria internacional, fueron los que ocuparon el país y asaltaron el banco central, y esta misma ayuda alimentaria que ahora llega en forma de emergencia, y la que saldrá de la reunión de donantes de Canadá, hay que ponerlas en el contexto histórico con las actuaciones que en las primeras décadas del siglo XX llevó a cabo la multinacional norteamericana “Banana Fruits”.

Eso y la posterior sucesión de dictadores protegidos por Washington para intentar evitar una “cubanización” de Haití son las que han marcado de manera dramática la gobernanza en la isla que estadísticamente la convierte en uno de los países más pobres del mundo.

Si somos capaces de convertir esta debilidad y tragedia en una oportunidad de futuro cobra la esperanza para la sociedad Haitiana. Ello significa que la ayuda internacional que debe producirse en los próximos meses será la base de una nueva gobernanza capaz de crear una economía sostenible y el nacimiento de un nuevo sistema que permita el surgimiento de formas de vida para sus ciudadanos, basados, como fue históricamente, en una rica producción agrícola y en la explotación turística de su territorio.

Ello sería, ni más ni menos, que los gobernantes del mundo pusieran a la vez que dinero, el corazón y la misma voluntad de ayuda que en estos momentos están poniendo de relieve muchos ciudadanos del mundo, con esfuerzos llenos de cariño, como el de mis vecinas, de apenas 11 años de edad, que han recorrido este fin de semana los pisos de la urbanización con un carrito de supermercado recogiendo alimentos para los niños de Haití que harán llegar a través de “un amigo del padre que es piloto de Iberia”.

Viendo el telediario en el que aparecen las primeras imágenes de los niños haitianos que fueron adoptados por familias españolas antes de la catástrofe, y que por fin han conseguido tenerlos entre sus brazos, pensamos que para ellos habrá esperanza, contrapongámoslas con las que hoy aún tenemos grabadas en nuestras retinas de las caras de las miles de personas protagonistas de esta tragedia que siguen en Haití y hagamos que ellos también tengan esperanza. Nosotros podemos.

Short URL: http://www.cartamediterranea.org/?p=2636

Escrito por admin en 3 Feb 2010 Archivado bajo Colaboraciones. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

Deja un comentario

Galería de fotos

Acceder | Designed by Gabfire themes