Carta Mediterranea

Este país no es para viejos

Oscar Lafontaine cuando era el lucido teórico de la Socialdemocracia alemana escribió que ante los problemas de Democracia hay que “osar” más Democracia. La situación de desconcierto que vive España no es un problema de Plan Económico como sostiene el líder de la Oposición conservadora, que debe estar encantada con su plan, pues lleva meses anunciándolo sin tener ni el valor ni la capacidad de ponerlo encima de la mesa en bien del país. Ni tampoco con medidas ocurrentes que intentan influir en la opinión publicada esperando crear una sensación de confianza salvadora simplemente por el hecho de pensar que al aparecer en los medios el ciudadano queda convencido y la realidad cambiada. El Gobierno, con ello, ha demostrado una actitud infantil pues la opinión pública vuelve a ser de nuevo la verdad incontestable. Aplicable lo mismo a los Agentes Sociales, empresariales, empezando por el sector financiero inmobiliario, que mucho tiene que ver con el modelo de sociedad creado o la cúpula de la organización empresarial impávida a su deslegitimación.

No son menos cuestionables las posiciones sindicales cuando siguen sin tener valor para claramente decirle a sus afiliados, y a los que no lo son. que el modelo económico y productivo que España ha ido desarrollando en las últimas dos décadas es totalmente insostenible y lo importante son los que carecen de trabajo y hay que perseguir la solidaridad de los que lo tienen.

Este país no es para viejos, como la película que oscarizó a Bardem, los que ya lo son van a morir de miedo pensando que serán desapoderados de aquello, que con tanto esfuerzo, han ganado trabajando; y a los que están por serlo, de cirrosis, pues para qué llegar a viejo, mejor nos lo gastamos en vino.

Calidad de la Democracia es el problema, la cultura ciudadana que se ha ido creando durante estos años en lo político, económico, social y cultural; y Democracia es ser capaces de hacer ejercicios de responsabilidad institucional y hablar a los ciudadanos como ciudadanos y no siempre en su condición de votantes, contribuyentes o consumidores. Lo que no se puede hacer es generalizar el miedo, a favor o en contra, jugando con la tranquilidad de los ciudadanos poniendo en entredicho su presente y futuro en lugar de hacer pedagogía cívica, que también es Democracia, explicando que las incertidumbres del hoy y las proyecciones del mañana tienen mucho que ver con cómo se ha vivido en los años anteriores.

Hay quien puede decir qué sentido tiene mirar hacia atrás y que lo urgente es ofrecer soluciones. Pero éstas no pueden ser ni siquiera esbozadas si no somos conscientes de cómo somos, quiénes somos y qué podemos aspirar a ser.

La España de hoy es consecuencia de los valores cívicos generados en nuestro sistema de convivencia política y modelo de crecimiento económico. La España de los años 80 fue un esfuerzo por recuperar nuestra historia de las lacras de la Dictadura creando en nuestro país un Estado de Bienestar siguiendo el modelo europeo: Sanidad, Educación, Infraestructuras de todo tipo; en definitiva, esfuerzos inversores para la generación del bienestar colectivo de los españoles. Recordemos que ese crecimiento fue propiciado por nuestro ingreso en la CEE y a los diferentes fondos provenientes de los países europeos aplicados a España nivelando y equilibrando renta y bienestar con los europeos, superando en una década el desfase propiciado por los años de Dictadura.

Después era una tarea nuestra, de los españoles y de sus capacidades: producir bien, competir, internacionalizar en otros mercados. Requería adaptarnos en todo a los europeos; modelo de trabajo, relaciones laborales y cambio de hábitos y costumbres. No es anecdótico que cuando en España se empieza a trabajar, en Bélgica llevan ya en el tajo una hora y media. La productividad por hora no es ni comparable y, sin embargo, su calidad de vida no es menor que la nuestra. Ha sido un loable esfuerzo seguir queriendo ser latinos y mediterráneos en formas de vida y centroeuropeos en grado de bienestar; loable, sí, pero poco realista.

También una cuestión de psicología social importante. Los abuelos de hoy fueron los niños y jóvenes de la larga postguerra, criados en la escasez, en la penuria vital. En consecuencia, las generaciones posteriores hemos ambicionado la necesidad de poseer, lo que estuviera a nuestro alcance, e incluso, de generar atajos para poder llegar a lo que no estaba. Del Seiscientos de los abuelos al coche de importación de gama alta, y para nuestros hijos qué menos que uno coqueto y fardón cuando terminan la Carrera, incluso el Bachillerato.

¿Quién en estos años no se ha atrevido a jugar en Bolsa esperando obtener pingües beneficios especulativos, pendientes de que un amigo nos diera la información adecuada? Por no hablar del esfuerzo que al padre le costó hacerse con una vivienda y lo fácil que ha sido para nuestra generación comprarla sobre plano, no una sino hasta tres, convirtiendo el negocio inmobiliario en un ventajoso sustitutivo de las horas extras. Hemos asistido sin el mínimo pudor al florecimiento de negocios meramente especulativos, siempre buscando un amigo que “me maneje” los impuestos y disminuya la cuota. Prácticas que no han tenido color político al ser parte del sistema.

Que decir de la cultura del consumo instalada y propiciada durante las últimas décadas. El agobio nacido de la escasez de los ancestros nos ha llevado a hacer bueno el “yo quiero lo que mi padre nunca tuvo y para mis hijos lo que a mí no me pudieron dar”. Siempre ausente el valor de la cultura del esfuerzo y aprecio a lo adquirido. Ansia consumista apoyada y alentada por las entidades financieras con campañas publicitarias ofreciendo créditos instantáneos para todo objeto de deseo: pisos, coches, viajes y hasta los regalos de los Reyes Magos. Créditos concedidos en 24 horas y pagados en 40 años y la posibilidad de sustituir uno por otro de importe mayor. Y desde la política, nada que decir.
Todo esto, no nos engañemos, es un problema de cultura democrática. Buscar responsables es irrelevante. Todos somos responsables del espejismo de lo que hemos creído que es España.. Todos hemos frivolizado con este modelo de vida. Para encontrar soluciones debemos mirarnos de nuevo al espejo y pensar de dónde venimos para ver adónde queremos ir.

La solución no es fácil, realmente necesitamos un cambio de modelo pero no solamente económico. Un cambio de modelo cultural, social y de regeneración política. Es replantear lo que entendemos por Bienestar, que no es tener un coche cada miembro de la familia y casa en la ciudad, en el campo y en la playa, ni viajar siempre a destinos lejanos e insospechados. El Bienestar es otra cosa y debe tener un alto componente solidario. De nuestros delirios de grandeza no pueden ser paganos los más desfavorecidos.

Ahora es necesario ponerse a hablar no de economía sostenible sino de Sociedad Sostenible. Aportar liderazgo, ideología y pedagogía ciudadana. Dejar de propiciar el surgimiento de ciudadanos temerosos, incrédulos, descreídos y con el miedo a que su bienestar, el esencial, se ponga en peligro. Hay que dejar de exigir responsabilidades y ejercerlas, cada uno en su papel. Sentarse todos los implicados a diseñar con urgencia una Sociedad Sostenible. Sin cartas marcadas, sin pueriles intereses electorales, sin miedo a ver peligrar sus “stocks options” personales. Si no fueran capaces, que no se lleven a engaño si los ciudadanos dejan de creer en la Democracia. El Plan es más Democracia.

Álvaro Frutos
Presidente de la Organización CARTA MEDITERRÁNEA

Short URL: http://www.cartamediterranea.org/?p=2680

Escrito por admin en feb 16 2010 Archivado bajo Colaboraciones. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

2 Comentarios por “Este país no es para viejos”

  1. Patriotas Sin Fronteras

    Democracia hay cada vez más,sin necesidad de gurús anacrónicos. En una década se han tejido miles y miles de redes sociales que capacitan a los ciudadanos en el manejo de las nuevas tecnologías, en la comunicación horizontal y en la práctica o disposición para hablar de política, economía y sociedad. Esa es la sociedad sostenible que se está desarrollando.
    Otra cosa es la economía que depende de factores diversos de muy diferente función. La crisis no la ha provocado la idiosincrasia de los españoles en general o de los humanos en general.
    La solución tiene que ser, como dice el SrFrutos, también social pero no va a hacer lo mismo la sociedad española que la boliviana o los milmillonarios chinos que Uruguay.
    La democracia y la sociedad sostenible son sujetos activos polifacéticos y objetos pasivos, son medios y fines, Son lo que son (a más democracia menos homogeneidad(. Y la economía tiene sus propias leyes o costumbres, de derecho y de hecho pero en ningún caso dependiente al 100 por ciento de una sociedad de 44 millones en un continente de 500 y en un mundo globalizado de 6.500 millones.

  2. Chimo Martinez Favero

    Me gustaría animar a Álvaro Frutos a que nos siguiera ilustrando con analisis tan lucidos como este. Es una pena que en los medios de comunicación tenga cerrado siempre a los mismos cuando este país y el mundo necesita gente que ilustre nuevos caminos. Animo amigos necesitamos guias y luces en momentos tan oscuros.
    Chimo Martinez.

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